He visto y hecho las típicas listas de deseos en diciembre. He realizado mi mapa de sueños año tras año y es una herramienta muy poderosa para llevarte hacia tus metas.
Aun así, es habitual que nos eduquen para fijarnos metas financieras, profesionales, personales y hasta físicas. Eso esta bien, Dios nos dio la capacidad de tener sueños y llegar a ellos, pero ¿Qué hay de tus metas emocionales? ¿Alguna vez te has puesto a pensar en la clase de mujer que quieres SER el próximo año? ¿Tal vez más paciente, más tranquila, más dinamica o más expresiva con quienes te rodean? No es usual que nos detengamos a pensar en esos asuntos porque en el fondo nos acostumbramos a las mujeres que somos incluso, cuando muchas veces eso que somos nos aleja de las metas que tenemos.
Imaginamos un futuro en paz, pero hoy no paramos un solo minuto entre miles de ocupaciones. Imaginamos un futuro rodeado de personas especiales, pero vivimos en un hoy que no da espacio para un café o una llamada a esa amiga que hace rato no ves. Imaginamos una vida saludable, pero jamás tenemos tiempo para hacernos un chequeo médico.
No es suficiente tener el conocimiento, las destrezas o las habilidades. Enfocarnos en nuestro desarrollo emocional es tan vital que debería ser el motivo de los deseos de varias de nuestras uvas en las fiestas decembrinas.
Creo que en el fondo creemos que nuestras emociones son difíciles de cambiar, pero, he descubierto que cuando Dios dirige tu desarrollo emocional suceden varias cosas:
- Dejas de escapar de tus emociones para entenderlas y comprender las mentiras que te estás creyendo tras ellas.
- Dejas de juzgarte por tener días malos.
- Buscas más tiempos en silencio.
- Te vuelves más consciente de cada minuto que pasa en tu vida.
- Cambia tu forma de ver emociones como el miedo, la ira, la tristeza o la frustración porque entiendes que aun en medio de esas emociones, Dios te muestra tus áreas más vulnerables y te da el valor de descubrir las verdades que hay tras esas emociones.
- Dejas de creer que debes ser perfecta para ser amada por Dios y te das cuenta de que, ÉL te ama y desea enseñarte la mujer que puedes ser si lo pones en el centro de tu vida.
Amiga mía, deseo que no te conformes a lo que el mundo dicta como “éxito”. Los likes, los aplausos, el estatus y todas esas cosas te dan comodidad, pero solo Dios puedes darte plenitud de gozo. Ese gozo que te hace sonreír aun cuando las cosas no van tan bien como quieres porque sabes que tu futuro incierto esta en manos de un Dios certero. Dios jamás llega tarde, pero, tampoco demasiado temprano.
¿Cuáles serán tus metas emocionales para lo que queda del año?
Con amor,
Liliana.