Muchas personas piensan que tienen pensamientos negativos porque su vida fue muy dura. ¿Te has puesto a pensar tal vez que tu vida es muy dura porque, estas repleta de pensamientos negativos?
Tal vez no has mirado a tu pasado para entender de donde provienen y porque piensas de la forma en la que lo haces, no solo frente a los demás sino frente a ti misma.
Como siempre hoy quiero desafiarte, deseo que cada mujer que lea mis líneas sea tocada, así sea levemente en su espíritu y su corazón para poder cuestionarse acerca de su forma de vivir en esta limitada vida.
Quiero invitarte a que hagas este ejercicio el cuál adapté y tomé de un libro precioso llamado Espiritualidad emocionalmente sana de Peter Escazzero, el cual me ayudó a entender varias verdades. Algunas ya la sabia, otras las descubrí y otras las reafirmé. Este ejercicio podrá ayudarte a comprender la forma en cómo al interior de tu familia existen “pactos”, muchos de ellos invisibles y hasta dañinos que fueron puestos en nosotras de forma intencional o no intencional. No nos corresponde juzgar, pero si nos corresponde tomar responsabilidad por los efectos de esos pactos en nuestra vida.
¿Te animas?
Toma un tiempo de 10 minutos lejos de distracciones. Piensa con detenimiento y silencio acerca de las siguientes preguntas:
- ¿Cuáles fueron los mensajes que me transmitió Papá (o su figura equivalente) a través de sus actos o palabras?
- ¿Cuáles fueron los mensajes que me transmitió Mamá (o su figura equivalente) a través de sus actos o palabras?
- ¿Cuáles fueron los hitos o eventos más fuertes en mi familia? ¿Como los viví?
- ¿Cuáles mensajes o pactos inconscientes hicimos en mi familia y yo los hago parte de mí frecuentemente?
Te daré mi propio ejemplo de vida porque creo que las historias nos orientan en estos ejercicios así no sean iguales.
En mi caso recibí frecuentemente el mensaje de que las cosas debían hacerse a la perfección. El error era duramente castigado así que, como consecuencia uno de los pactos en casa era “Las cosas se hacen bien o no se hacen”.
No digo que eso sea malo, porque ese pacto me ha enseñado a ser una mujer que se esfuerza por hacer un trabajo de calidad. Pero por otro lado, me llevó a desconocer por completo la necesidad de descanso, la necesidad de aceptar el error y de avanzar así las cosas no sean perfectas.
He perdido algunas oportunidades esperando a que se den las condiciones “perfectas” pues temía mucho al error. Cuando descubrí el lado bueno y limitante de ese pacto cambié esa declaración por algo como esto: “Las cosas se hacen bien desde el principio y se van perfeccionando en el camino”.
Imagina lo liberador que fue para mi entender esta verdad y aun así seguir haciendo las cosas con calidad.
Deseo que descubras tus pactos y obtener la guía de Dios en tu ejercicio de reflexión personal.
Con amor,
Liliana.